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La estafa de las preferentes explicada paso a paso

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La estafa de las preferentes paso a paso

En los tiempos que corren, ya sea por la presencia que ha tenido en los medios o porque a alguna persona de nuestro entorno le ha tocado sufrir en sus carnes la pérdida de sus ahorros por la compra de participaciones preferentes, la estafa de las preferentes, es complicado encontrar a alguien que no sepa qué es exactamente dicho producto o, al menos, que no le suene a algo malo.

 

Aunque en sí mismas, las participaciones preferentes logran ser un producto aprobado para su comercialización, no es menos cierto que las personas encargadas de “colocarlas” (salvo prueba en contrario) jamás fueron honestos con los clientes acerca de la naturaleza de las mismas. Así pues, de la caja hacia afuera, las participaciones eran vistas (por lo que se decía de las mismas), como simples depósitos a plazo fijo, donde el capital estaba garantizado, pudiendo ser recuperado en cualquier momento por el cliente. Además, este producto daría una rentabilidad altísima al cliente. Visto así, ¿quién podía rechazarlo?. Familiares de empleados de banca, amigos, conocidos, no se hizo distinción a la hora de encontrar posibles víctimas.

 

En los años de comercialización masiva, nadie se paró a pensar a qué se debía tanta generosidad por parte de un banco. Y es que lo que no se ocultaba era que de preferente, lo único que tenía era el nombre. La propia Comisión del Mercado de Valores, catalogaba el producto como valor complejo.

 

A diferencia de los bancos, las cajas de ahorro sólo podían encontrar financiación a través de la emisión de este tipo de productos sin conceder derechos políticos a los compradores, por lo que el preferentista no tenía control alguno sobre la caja emisora. Ya en el año 1998 se emiten las primeras participaciones preferentes por el BBVA, sin ser aún un producto aprobado para ser vendido a clientes minoristas. Fue en el año 2003 cuando se aprueba su comercialización a clientes minoristas, es decir, clientes que habían tenido, hasta entonces, su dinero asegurado en libretas de ahorro y depósitos a plazo fijo.

 

Será, por tanto, a partir del año 2003, cuando comiencen las emisiones por parte de las entidades de crédito, siendo vendidas como productos estrella a clientes, denominados por los empleados de banca, como clientes privilegiados a los que se les estaba haciendo no menos que un favor. Durante los años siguientes, no eran muchos los clientes que suscribían estos productos. Pero en el año 2009, aprovechando la crisis financiera, las entidades encontraron en las participaciones preferentes  la panacéa a la falta de financiación que estaban sufriendo. Se trataba de una vía eficaz para conseguir capital, reduciendo costes y riesgos para los bancos y cajas de ahorro.

 

Se había conseguido, las participaciones y obligaciones suboordinadas (que en poco se diferenciaban de las primeras) estaban en el tráfico bancario, las emisiones de deuda eran cubiertas en poco tiempo gracias a las agresivas campañas de los bancos y, en la mayoría de los casos, al abuso de confianza que los empleados de banca ejercieron sobre los clientes de toda la vida. Clientes que, bajo el pretexto de que adquirían un depósito a plazo fijo, firmaban órdenes de compra confiando en que su dinero estaría a buen recaudo, comprobando tiempo después que habían perdido los ahorros de toda una vida, sentían la estafa de las preferentes.

 

Por suerte, aunque no al ritmo y por la vía que al afectado le gustaría, hay justicia y es posible recuperar las inversiones. Ahora bien, ¿estamos exentos de encontrarnos con el mismo producto en un futuro, aunque llamado de otra forma ? Esperemos que no, aunque sólo el  tiempo lo dirá.

 

Por:
Miguel Hidalgo

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