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¿Por qué las llamaban preferentes si ni el producto ni los clientes lo eran?

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El producto era un producto complejo, nada preferente y no contaba con la protección del Fondo de Garantía de Depósitos

 

¿Por qué las llamaban preferentes si ni el producto ni los clientes lo eran? ¿Por qué decían los bancos que era un producto para clientes preferentes si en realidad se ofreció a ahorradores minoristas? Estas preguntas seguro que se las han hecho miles de veces los afectados por las participaciones preferentes en nuestro país. El engaño fue tal, que hasta los términos utilizados por los bancos en su comercialización se mal interpretaron.

 

El producto era un producto complejo, nada preferente, a perpetuidad y, además, no contaba con la protección del Fondo de Garantía de Depósitos. El cliente al que se le vendió no era el adecuado. Carecía, como hemos dicho en muchas ocasiones, de derecho políticos, por lo que aunque tuviera miles de millones invertidos en la entidad no podrá participar, de ningún modo, en sus decisiones.

 Las preferentes no eran para clientes preferentes y ademas no estaban garantizadas FUENTE commons.wikimedia.org

Las preferentes no eran para clientes preferentes y además no estaban garantizadas

FUENTE: commons.wikimedia.org

 

También carecía ex lege de derecho de suscripción preferente respecto de futuras emisiones tanto de acciones, como de nuevas participaciones preferentes. Y claro, por si alguien aún le queda la duda; que suponemos que no, la inversión de participaciones preferentes no contaba con la protección del Fondo de Garantía de Depósitos.

 

A estas alturas, todos entendemos que se trató de un producto complejo (y nada preferente) que requería para su adquisición conocimientos técnicos bancarios y económicos más allá de los que pudiera tener un inversor minorista, lo que implicaba necesariamente que su comercialización hubiera tenido de forma necesaria una explicación del banco sobre el producto, los riesgos del mismo, y la “marcha” de la solvencia de la entidad en todo momento.

 

Pero las entidades no lo hicieron y vendieron masivamente el producto. Y aunque con anterioridad al año 2008 y 2009, ya se habían comercializado preferentes, fue en estos años y en adelante, sobre todo, y debido al posterior riesgo grave de quiebra de multitud de entidades en diversos países europeos, cuando se impuso la necesidad de reforzar y salvar al sector imponiendo a las entidades un core capital (capital básico o porcentaje de recursos propios en relación con los activos de dudoso cobro) que pasó del 2% de capital propio a un 7% primero y un 8% después a fin de limitar el riesgo de las entidades y de que existiera un respaldo más ajustado a la realidad de solvencia en las inversiones y préstamos llevados a cabo por éstas.

 

Las entidades bancarias españolas, y en especial las cajas (que no tienen socios capitalistas que, por tanto, puedan aportar dicho capital), comenzaron a pensar cómo captar el capital necesario para incrementar esos recursos propios, y urgidas por la obligación de cumplir con los mínimos establecidos de core capital, encontraron una solución a este problema: vender participaciones preferentes.

 

Las entidades necesitaban dinero, necesitaban que “alguien” les comprara el producto y el que lo comprara que no supiera lo que se le estaba vendiendo, y la solución era fácil: echar mano de sus propios y confiados clientes.

 Las entidades necesitaban dinero y vendieron preferentes a sus clientes FUENTE flickr.com

Las entidades necesitaban dinero y vendieron preferentes a sus clientes

FUENTE flickr.com

 

Bajo estas premisas, las entidades se lanzaron a la comercialización masiva de preferentes, ocultando riesgos, sin decir lo que realmente era el producto, porque claro, si el personal de la entidad explicaba lo que era realmente ese producto, nadie lo hubiera adquirido.

 

Fue, por tanto, así como se presentaron las preferentes como un “producto preferente”, para los mejores, como si se tratara de un plazo, bien remunerado, sin riesgo alguno, plenamente garantizado y disponible. Todo falso, claro

 

La conclusión a la que hemos llegado después de todos estos años es que miles de clientes firmaron e invirtieron grandes cantidades de dinero (en ocasiones todos sus ahorros) en preferentes  y los bancos tan felices y aliviados por saberse salvados al cumplir con las ratios de core capital de los acuerdos de Basilea II (transpuesto al ordenamiento jurídico nacional mediante la ley 36/2007).

 

Afortunadamente, la Justicia está devolviendo sus ahorros a todas estas personas, y los jueces están viendo que hubo engaños masivos lo que, por otro lado, constata la necesidad de asistencia y asesoramiento que requieren los usuarios de banca ante un mercado financiero complejo, global y en constante cambio, y ante las probadas actitudes ilegales e inmorales de los bancos condenados.

 

Si usted aún necesita ayuda con sus preferentes, en Arriaga Asociados podemos asesorarle. Pide una cita gratuita para que estudiemos su caso, llamándonos al teléfono (también gratuito), 900 101 775.

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